El amor está en el aire y en la ciencia.

No hay mayor suerte que compartir el amor y en el día de hoy, San Valentín, aquí tenéis algunas parejas importantes para la ciencia.

Marie y Pierre Curie.

Esta es tal vez una de las parejas de científicos más famosos de la historia. Se conocieron en 1894 y un año más tarde se casaron.

Todos conocemos el final de la historia, en la que ella fallece por exposición radioactiva, tras una vida consagrada a la investigación, según sus propias palabras:

«Nuestro trabajo nos acercó más y más, hasta que los dos estábamos convencidos que ninguno de nosotros podría encontrar un mejor compañero de vida.«

Pero lo que no todos sabes es que Marie recibió dos premios Nobel, el de Física en 1903 junto a Pierre y un colaborador, Henri Becquerel y en 1911, en Química, tras la muerte de su marido en un accidente, que le afectó profundamente y que tal vez, su soledad, influyó aún más en su ya única dedicación, la ciencia.

Antoine y Marie-Anne Lavoisier.

Una de las primeras parejas de esta lista de enamorados entre si y de la ciencia. En este caso, aunque lo conocemos más a él por la Ley de conservación de la materia, hay que recordar que Marie-Anne fue la que con su dote de boda en 1771 ayudó a la construcción de un laboratorio donde llevar a cabo sus experimentos.

En este caso nuevamente es él quien fallece, guillotinado durante la persecución de la Revolución Francesa, una gran pérdida para la ciencia, como Lagrange explicó indicando la rapidez con la que se cercenó su cabeza pero que Francia necesitaría un siglo para encontrar otra igual.

El gobierno frances reconoció posteriormente que fue falsamente condenado y a nosotros nos quedará la duda de si quien descubrió la importancia del oxigeno en la combustión o en la respiración así como la composición de oxígeno e hidrógeno del agua, podría haber aportado algo más a la ciencia… seguro que sí.

Helen y Alfred Free.

Vamos ahora con una pareja menos conocida, igual que los laboratorios Miles en los que comenzaron.

Pero seguro que ya os será más familiar si os cuento que esos laboratorios fueron el germen de Bayer. Fue allí donde en 1956 crearon las tiras reactivas para el control de la diabetes y que detectaban la glucosa en la orina.

En 1946 se conocieron en una entrevista de trabajo y en 1947 se casaron. En una entrevista posterior ella describiría así su amor:

«Nosotros sólo hablábamos de trabajo, trabajo y trabajo. Pasábamos 24 horas pensando en nuestro trabajo. Él me hablaba de sus ideas y yo le contaba de las mías. Pasamos momentos maravillosos

Mileva Maric y Albert Einstein.

Vamos ahora con una extraña historia de amor y conflicto porque si todos conocéis a Einstein, seguro que casi nadie recuerda a Mileva.

Mileva poseía una mente privilegiada para la física pero fue continuamente relegada por la discriminación de la época contra la mujer, además de por actitudes xenófobas por parte de la madre de Einstein.

Aún así, en el 1900 decidieron irse a vivir juntos a Zurich, donde poco después Mileva quedó embarazada no contrayendo nupcias hasta 1903 y no fue hasta 1905 que él comenzó a ser reconocido por sus trabajos y publicaciones, las que fueron apoyadas y revisadas por su colaboradora… que quedó en el olvido.

Cuando le preguntaban por qué no aparecía como coautora de los artículos de divulgación científica ella respondía que «los dos somos una sola piedra«.

Todo parecía ir más o menos bien para Mileva, pero el infortunio se presentó en la forma de una aventura amorosa de Einstein con Elsa Löwenthal o mejor dicho, Elsa Einstein.

A partir de ahí todo fue cuesta abajo, sumándose problemas financieros, de reconocimiento y enfermedades… una historia que no acabó nada bien y en la que nunca se ha podido demostrar la positiva influencia de Mileva en una de las teorías más relevantes del siglo XX.

Ruth Hubbard y George Wald.

Esta pareja tuvo un comienzo escabroso y secreto, según uno de sus hijos relataba:

«Mis padres empezaron una relación secreta cuando ella tenía 19 años y él 36, ella era estudiante y él, profesor.«

Este par de enamorados no son conocidos pero se obsesionaron durante 20 años con su investigación hasta que en 1967 recibieron el Premio Nobel sobre el estudio de los principales procesos visuales fisiológicos y químicos en el ojo.

Lo curioso en esta historia de amor es que ella era una feminista declarada en su época y no fue tenida en cuenta en la entrega. Nadie duda que el peso de la investigación había recaído sobre él pero sí que pareció justo que ella hubiera formado parte de la entrega por sus aportaciones al estudio.

Otro aspecto a tener en cuenta, era la fuerza de su unión, en una mujer fuerte y como digo, de orientación feminista fue tras el fallecimiento de su esposo, en 1997. Nuevamente su hijo nos lo explica:

«Ella pensaba que cuando mi padre muriera, su vida iba a continuar con más ímpetu: iba a dictar conferencias, viajaría más, escribiría más libros. Pero cuando mi papá murió, ella no quería hacer nada. Él era su otra mitad. Una vez sola en el mundo, le fue muy difícil continuar. «

Isabella y Jerome Karle.

Y seguimos con otra entrega de Nobel donde se vuelven a olvidar de la mujer.

En 1985 le concedieron a Jerome el Premio Nobel en Química pero no incluyeron a Isabella, alcanzando tal decepción que él no quería aceptarlo.

Se conocieron en 1940 y no comenzaron muy bien pero en su autobiografía el escribió que ella fue siempre un fuerte apoyo tanto en los aspectos técnicos como espirituales.

A lo largo de los años ella concibió aplicaciones prácticas a los descubrimientos de su marido que significaron grandes avances al descifrar la estructura de las moléculas en en fármacos.

¿Conclusiones?.

Que cada uno obtenga sus propias conclusiones sobre estas parejas y las vueltas que da la vida, el amor que algunos se tuvieron y la capacidad que mostraron para formar un equipo de éxito, pero en un día como hoy, personalmente, mi mejor consejo es que dejéis de leer esto y vayáis a declarar vuestro amor cuanto antes.