Extinciones programadas y probabilidades inesperadas

Decía Blaise Pascal que «todas las desgracias del hombre se deben a su incapacidad de estar sentado tranquilamente y en soledad en una habitación«. Este genio precoz inventor de la máquina de calcular que lleva su nombre algo debía saber sobre la naturaleza humana que le impele a algo más.

Por estas fechas navideñas y de año nuevo suelo escaparme de los engrilletados e incómodos límites de la corrección a la hora de escribir sobre algo que sea relevante y pongo los propulsores al máximo para escaparme solo unos centímetros del suelo y escribir sobre algo diferente.

En este año de pandemias se hace más difícil trivializar sobre cualquier asunto ya que muchos sufren y tantos otros simplemente lo pasan mal, por eso tal vez me he sentido influido por la recientemente estrenada película de No mires arriba.

Y debido a las polémicas reacciones sobre la misma, he de anticiparte, adorado y valioso lector, que no te preocupes, no habrá spoilers y que no atacaré las vertientes críticas y satíricas de la producción y mucho menos los devaneos políticos, si no otros relacionados con la ciencia y el futuro.

Como Woody Allen dijo, «me preocupa el futuro porque es donde voy a pasar el resto de mi vida» y me atreveré a adelantar que la cinta trata sobre el fin del mundo por un cometa que se dirige a la tierra. No es una idea nueva, pero se aborda de una manera diferente y tal vez sea que yo haya madurado o haya visto la belleza de la diversidad que existe en la tierra y el valor de la vida que con la salvedad de otra «peli» navideña como la inefable La jungla de cristal, Bruce Willis ha de perdonarme que prefiera esta versión a su Armaggedon, ya no hablemos de Deep Impact. Por tanto, la idea no es nueva, pero el enfoque sí, ¿qué se puede extraer en la línea que nos interesa?.

El método científico.

Dicho esto, quiero recordar a Carlos Castilla que en sus clases de matemáticas nos explicaba cómo las derivadas hacían posible muchos de los artefactos que disfrutábamos. Una pena que los pocos años y la carencia de conocimientos y perspectiva no consiguiera que su mensaje revelador calara como era debido, pero, para mi, su frase permanece y es que el personaje de DiCaprio durante la película, hace una referencia semejante sobre que el método científico es lo que ha permitido que una contraparte con la que intercambia mensajes, pueda tener un ordenador con el que criticar.

Y es que por norma general no somos conscientes de lo que hemos avanzado, para nosotros es común que la luz brille al darle a ese interruptor y poder hacer una videoconferencia con alguien a miles de kilómetros, jugar por internet, aprender online y muchas otras proezas que comenzaron con el método científico y unos lenguajes como las matemáticas.

El método científico es la base de todo el conocimiento actual y lo será cuando lleguemos más allá del sistema solar, su espíritu y enfoque no habrá sido modificado porque no requerirá cambio alguno, es un pilar fundamental para que el siguiente paso se haya cimentado sobre el anterior y sobre todo, si cabe, por encima de otras virtudes, significa el fin del misticismo.

Ese misticismo irracional que pensaba que Marte regía las guerras, los cometas las desgracias, las vísceras de un animal el destino y que la tierra era el centro de la creación. Porque siempre es más fácil creer lo sencillo, como si la navaja de Ockham pudiera regir cada aspecto de la vida, porque no solo es lo más fácil si no que es lo más cómodo, porque las verdades vendrán de otros.

La alternativa es ardua, áspera y complicada, desde que Johannes Kepler se preguntaba si habría otros seres viviendo en aquellas luces en la distancia, seguimos sin una respuesta porque hemos elegido el camino difícil, en el que se comprueban las cosas.

Pero en estos tiempos, existen formas diferentes de misticismo, en estos tiempos de avance, cultura y promoción de la información, resulta que la ignorancia se ha instalado justo debajo de nuestros pies, como en otros tiempos, horadando las bases de lo sensato.

Esta es una de las advertencias que nos espeta en la cara la mencionada película y no debería de cogernos desprevenidos.

Así que es muy posible que en estos tipos de situaciones, es cuando en nuestros corazones anidan las tendencias más radicales, porque al igual que un animal acorralado, la Humanidad se volverá cada vez más primaria y embrutecida si no es cuidada con cariño.

La maravillosa diversidad.

Ya de muy pequeño me gustaba corretear por el campo, siempre iba mirando abajo, ajeno al cielo y el tiempo, buscaba los bichitos. Me maravillaban sus complejidades, la variedad, los colores, sus comportamientos y… es algo que sigue asombrándome.

Seguro que en algún momento te has visto cautivado por la naturaleza, como aquellos naturistas que en la época de los exploradores victorianos viajaban a aquellas lejanas islas y detallaban con sus preciosistas dibujos las plantas y fauna.

De nuevo, creo que no somos conscientes de la inmensa suerte que tenemos en este planeta, una canica azul perdida en la inmensidad, como una botella en mil océanos. No nos damos cuenta que la evolución ha creado muchísimos casos que nos parecerían imposibles y es un testimonio sobre cómo la especialización absoluta provoca mejoras únicas de las que aún estamos en algunos casos aprendiendo y en otros, siquiera alcanzamos a entenderlos.

Si como cuenta la película, un cometa de ese calibre, lo que es literalmente un destructor de mundos, llegase a impactar contra la Tierra todo eso se perdería, no solo nosotros nos perderíamos, si no, el futuro en si mismo, porque la evolución no tendría continuidad, no habría vida. Eso me apena. Incluso en el punto en que la Humanidad hubiera alcanzado las estrellas, que hubiera colonizado Marte o asegurado su continuidad… todo lo que aquí se perdería sería para ponerse a llorar porque todos esos seres, como cualquiera que tenga mascota sabe, tienen sentimientos y desean vivir tanto como tú y como yo.

Por tanto, la continuidad del ser humano como especie no puede basarse en el egoísmo de alcanzar el bote el primero y gritar el «sálvese quien pueda» porque muchos no podrán, por eso, los fuertes deberán ayudar a los débiles… al no hacerlo, quedarán incompletos por siempre, mutilados al perder esa «infinita diversidad en infinitas combinaciones«.

Y cuando digo bote, me refiero a una nave espacial, donde los privilegiados puedan escapar de lo que ya sea un planeta destrozado por un cometa o porque ya no sea cómodamente habitable.

La maldición de ser postmoderno.

La época en la que vivimos, aunque muchos se consideren «modernos», es el postmodernismo y es la portadora de la caja de Pandora del conocimiento.

Conocer es aceptar desconocer y a la vez aceptar que lo que conoces puede matarte. Que lo que ocurra no depende de la acción de un ser enfurecido si no de tu incapacidad para solucionarlo y que por tanto, al margen de la providencia, la mayor parte de la responsabilidad es tuya.

Como tal, nosotros, en nuestra generación somos más conscientes que nunca que no somos el centro de la creación, porque un pequeño virus nos pone de rodillas o un asteroide mal intencionado hará que la casa del vecino, la tienda donde compras el pan y toda la ciudad acabe en órbita.

Es un hecho, acéptalo, vive con ello, pero no lo olvides, es solo cuestión de suerte en esta macabra ruleta rusa del cinturón de Kuiper y la nube de Oort… ya ha sucedido y más de una vez, no es cuestión de saber si ocurrirá de nuevo si no cuándo lo hará. No es posible seguir pensando que no es probable que suceda mañana y que siga siendo problema de los que vendrán.

Si lo que Pascal decía al inicio del artículo es cierto, hay algo que nos obliga a mejorar, a probar, a veces a meter la pata, pero a seguir y nuestro camino está ligado al espacio, conocerlo es ya una responsabilidad ineludible.

¿Dispondremos gracias al método científico de la capacidad suficiente para desterrar la ignorancia y saber qué hacer?, ¿podremos proteger a todo el planeta y su incalculable e invaluable vida?… ya veremos, a fin de cuentas, como dijo el personaje de DiCaprio, si lo piensas… lo teníamos todo.

Fun fact: recomiendo ver el episodio de los Simpson temporada 6, episodio 14, del año 1995 titulado «El cometa de Bart» con una historia intrigantemente parecida.

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