La guerra moderna.

Cada cierto tiempo un negocio tan antiguo como la guerra se vuelve obsoleto y el equilibrio de poder necesita de los saltos tecnológicos que acompañan un cambio de concepción para obtener ventaja.

No importa cuánto poder tengas, si este es nuclear, humano o de inteligencia si tu contrapartida dispone de la misma cantidad o poco más o poco menos, será necesario buscar la ventaja en otro lado.

Esa ventaja no necesita ser digital ni de alcance global porque antes que los misiles intercontinentales definieran los modos de las amenazas, el arco o el caballo marcaron la diferencia y entre unos y otros hay una plétora de inventos y mejoras donde destacaron algunos por su inventiva y visión como Leonardo DaVinci, el Tony Stark renacentista.

Lo que sí necesita la tecnología armamentística es ser diferente y ser mejor y además continuar siéndolo, como los tanques de la primera guerra mundial que tras varias evoluciones ayudaron a ganar la contienda de la mano de Renault, el actual fabricante de automóviles destacó como fabricante del FT-17, un tanque ligero que marcó la diferencia frente a sus toscos predecesores pero que décadas más tarde, no pudo competir contra los nuevos tanques nazis y su blitzkrieg o guerra relámpago, que si bien es cierto que existió un componente táctico y de pensamiento en su concepción, la verdadera guerra rápida se debió a tanques nazis más rápidos y con menos requisitos de consumo que sus homólogos franceses… no fue ya la nueva tecnología si no la mejora de una tecnología previa la que marcó el ritmo.

Una evolución de una tecnología previa, pero… ¿y si la tecnología no solo mejora si no que cambia el escenario?.

La guerra de Ucrania.

Lamentablemente en estos tiempos, nos está tocando ver cómo Rusia intenta la invasión de Ucrania, un gran ejército contra uno pequeño, una historia muy manida y con mucha moraleja como bien saben los Espartanos y el fin del imperio Persa o los defensores del Álamo y la fundación del estado de Texas.

Un pueblo que se enfrenta en inferioridad de condiciones técnicas y numéricas. Los analistas y comentaristas más o menos expertos y capacitados barruntan y vaticinan como si con cada idea quisieran sembrar el campo de propuestas. Las apuestas están en contra pero esta ya no es una guerra convencional, es más… puede ser una de las primeras guerras de la nueva época bélica.

No lo llames guerra convencional.

Simplificando, lo que no es un ataque nuclear, químico o bacteriológico, es convencional, donde dos estados enemigos o incluso un estado con disidentes (hay controversia en esto), se enfrentan con armas más o menos estándar, como pueden ser soldados, rifles, artillería, tanques, flotas… y cualquier recurso que no sea los previamente mencionados.

Hasta ahora la guerra convencional ha buscado incrementar los rendimientos con mejoras de lo ya establecido, si teníamos misiles, vamos a mejorarlos para que lleguen más lejos y ahora que ya alcanzo aquel lugar, quiero que sea más preciso o si tengo un tanque, quiero que sea más resistente y veloz pero no ha habido un salto en el enfoque táctico, semejante a cuando las unidades de caballería renunciaron al caballo para introducir los carros blindados propulsados por motores que por cierto, eran medidos en caballos.

Alguien me dirá que los drones son ese avance y tendrá razón, pero no como ahora, no con la proyección actual. Los drones han sido vistos en operativos de bombardeo, vigilancia y guía como una unidad no tripulada que a fin de cuentas constituye una evolución de un elemento aéreo, no… yo quiero ir un paso o dos más allá y atreverme a decir que es algo diferente a la guerra convencional.

Drones de combate.

Vuelvo a la guerra de Ucrania, todos hemos visto cómo en los informativos el ejército ucraniano ataca a las unidades blindadas rusas desde el aire con drones TB-2 turcos, además de R-18 y Punisher, reventando a unos tanques que se vuelven lentos, sin precisión de disparo y demasiado grandes para ser un mal objetivo.

Y es que, el ejército ucraniano tiene una división especial de drones fundada en el 2014 por alguien que ya debía de tener cierta capacidad de previsión y que ha conseguido a lo largo de los años conformar una flota de drones tácticos y otros de tipo comercial que han sido utilizados para observación o incluso modificándolos para que puedan ser capaces de portar cargas útiles, esto es, explosivos.

Ahora, han recibido los drones switchblade estadounidenses que serían el orgullo del viento divino japonés porque estos chismes son precisamente eso, kamikazes que pueden seguir un objetivo y lanzarse contra él, ya sea un equipo enemigo o un elemento de artillería según los modelos.

Y nuevamente alguien me podrá decir… Isaac, estos drones son antiguos, llevan utilizándose desde 2010 y yo le diré que sí y que otra vez, quiero ir un poco más allá.

Perritos mecánicos con malas pulgas.

Ha sido en 2021 que Sword Defense y Ghost Robotics, empresas estadounidenses, han presentado SPUR o rifle no tripulado de propósito especial, un robot al estilo de los perritos robóticos que se han visto de Boston Dynamic con un dispositivo de ataque con alcance de 1.2 KM y zoom de x30. Por el momento, que yo sepa sigue en evaluación por parte del ejército de EEUU y no es el único proyecto que recorre estas vías.

Aquí la cosa ya comienza a tornarse como mínimo inquietante porque las otras alternativas se parecen más a los conceptos «mecha».

Reconocimiento facial.

La inteligencia es otro factor a tener en cuenta y en esta guerra parece ser que la empresa Clearview AI está prestando sus servicios de manera desinteresada.

Esta organización, previamente envuelta en cierta polémica por el tratamiento de datos, dispone de una base de datos de 10.000 millones de imágenes faciales y sus sistema de reconocimiento facial puede ser utilizado para detectar a soldados rusos, espías infiltrados e identificar a soldados caídos ya que de su enorme banco de datos, 2.000 millones de rostros proceden de VKontakte, una plataforma social rusa al estilo de Facebook.

Luego veremos cómo esta pieza encaja en el puzzle a mayor escala.

El advenimiento de Skynet.

Ahora que ya tenemos un robot denominado asesino, a fin de cuentas, sigue siendo la prolongación de un tanque o cualquier otro tipo de carro de artillería autopropulsado e igual que el dron switchblade es un elemento continuador de las fuerzas en el aire, el perrito malo lo es de las de tierra.

Necesitamos más, dar un paso más para marcar la diferencia y poder llamarlo la nueva guerra dejando a la guerra moderna fuera de juego.

Este paso es la capacidad de decidir. Hasta ahora los drones disponen de, en mi opinión, los mal denominados como sistemas de inteligencia artificial, que pueden realizar ciertas valoraciones a través de algoritmos, pero es el humano o mejor dicho, el equipo jurídico del humano, el que despliega el arma, el que decide el objetivo, el que valora si hay civiles en la zona de impacto y muchas otras variables. Es el humano el que aprieta el gatillo y por la noche se va a dormir, ¿pero que pasaría si fuera la máquina la que decidiese?.

Y no lo pregunto de manera retórica para proponer un ejercicio filosófico sobre las implicaciones si no que existe un debate que ya se está girando hacia esa posibilidad porque la tecnología, como quien dice, está disponible. Por esa razón se les está llamando drones asesinos y ya han sido varias las voces relevantes dentro y fuera del ámbito tecnológico que han prevenido sobre este avance.

Faltaba Elon, el perejil de toda las salsas.

Poco después de iniciar el conflicto, Elon Musk ofrecía desplegar su red de Internet satelital Starlink sobre territorio ucraniano para proveer de conectividad y es que aunque los drones pueden ser manipulados manualmente o dependiendo de un sistema de posicionamiento como el GPS, disponer de una red es fundamental.

En esto creo que también hay algo diferencial porque aunque no es la primera vez que un empresario con intereses se involucra en una contienda, como fue el caso de Rothschild en Waterloo y muchos otros, este es un caso concreto donde no estamos hablando de un apoyo financiero o tan siquiera estructural como prestó Henry Ford al adaptar sus líneas de montaje durante la Segunda Guerra Mundial y tampoco de una empresa como Lockheed Martin cuyo propósito es la fabricación militar, si no que tenemos un animal de otra estirpe, una tecnológica, una empresa que ya se dedica a eso, que tiene una herramienta para eso pero que nunca fue pensado para tal menester y que le otorga a alguien una ventaja táctica.

Si hablamos de ciberguerra y hackers estamos hablando de noticias de ayer, pero el pensar que las tecnológicas puedan desempeñar un papel activo en un conflicto hace cambiar la percepción sobre su poder real y el poder de los estados que más han invertido en la tecnología a través de sus elementos privados.

Un par de teorías de andar por casa sobre los drones asesinos.

Si a toda esta evolución y perspectivas sobre la inteligencia artificial le sumamos el reconocimiento facial, me hace pensar en un dron al que solo haya que enseñarle una foto con su objetivo para que lo busque y lo elimine.

La guerra es un tema industrial, siempre lo ha sido, Isoroku Yamamoto lo sabía cuando recomendó no despertar al gigante industrial americano y lo supieron los alemanes de la I Gran Guerra cuando no tuvieron materiales para construir tanques y eso me hace pensar en ejércitos de drones aéreos kamikazes y perritos robots o cualquier otro tipo de modelo estilo Terminator realizando las labores de asalto en campo abierto o reduciendo a milicias casa por casa o en túneles atrincherados.

Cuando esto se llegue a debatir en serio y la opinión pública tome parte se valorará si enviar a jóvenes, hijos de alguien a la guerra o enviar robots. No creo que se les siga llamando asesinos y es en ese momento, cuanto antes se tome la decisión donde la ventaja competitiva se verá resplandecer igual que las ametralladoras Gatlin, enfrentando a carne y sangre contra trueno y metal.

El país que envíe robots evitará no solo pérdidas humanas mientras su enemigo se desgasta si no que reducirá la inversión de la formación y los tiempos en ganar experiencia de los humanos, solo necesitará tener fábricas y software.

Supongo que la única razón por la que aún no se ha dado un paso decisivo es por el miedo a que un sistema semejante pueda ser hackeado por el propio enemigo y vuelto en su contra o tal vez pueda que algún alto cargo militar piense que las máquinas puedan llegar a rebelarse… quién sabe.

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